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Autor Tópico: El Parlamento Europeo aprueba la nueva Comisión  (Lida 147 vezes)

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Offline RoterTeufel

 
El Parlamento Europeo aprueba la nueva Comisión
 

 La Comisión Europea propuesta por el nuevo presidente, Jean-Claude Juncker, tiene ya el aval político para ejercer. El Parlamento Europeo la ha aprobado esta mañana con 423 votos a favor (del Partido Popular Europeo, de la gran mayoría de socialdemócratas y liberales y de buena parte de los conservadores euroescépticos), 209 en contra y 67 abstenciones, de un total de 699 votos emitidos. El Partido Popular Europeo, los socialdemócratas y los liberales le habían anunciado su apoyo, aunque dentro de cada familia ha habido eurodiputados que han votado por su cuenta. El mayor señuelo para los socialdemócratas es la designación de un número dos de su familia en la Comisión Europea: el holandés Frans Timmermans, que actuará como alter ego de Juncker y equilibrará el peso conservador de la presidencia. El nuevo equipo tomará posesión el 1 de noviembre.
 
 Antes de la votación, Juncker ha presentado su programa ante la Eurocámara. “O logramos acercar a los ciudadanos a la Unión Europea o fracasamos. O bien logramos los Gobiernos, la Comisión y el Parlamento reducir el paro o todo se irá al traste”. Con esta crudeza ha expuesto el nuevo presidente del Ejecutivo comunitario el reto crucial al que se enfrenta Europa, para el que no dispone de mucho tiempo. Consciente de que la debilidad económica amenaza todo el proyecto del viejo continente, Juncker adelanta su prometido plan de inversiones ?300.000 millones de euros en tres años?, que se presentará antes de Navidad, según ha asegurado ante los eurodiputados.
 
 El nuevo Ejecutivo comunitario persigue un difícil equilibrio entre impulsar la estancada economía europea y mantener las reglas de disciplina fiscal. Para granjearse el apoyo de todos, el nuevo mandatario europeo ha prometido en su discurso programático ambas cosas, de momento sin mucha concreción. “La inversión es fundamental. Los intentos lanzados para apartarme de este camino han sido en vano. Voy a acometer este plan. Y no será en los tres primeros meses, como anuncié, sino antes de Navidad. La cosa urge; hay que actuar cuanto antes”, ha proclamado Juncker.
 
 Los detalles siguen siendo una incógnita (principalmente, cuánto de esos 300.000 millones serán fondos nuevos), pero el ex primer ministro luxemburgués ha querido ya dejar claro que esa inversión millonaria no se hará a costa de más deuda pública: “No puede financiarse con más endeudamiento. Tenemos que procurar que haya un uso inteligente de fondos públicos para movilizar la economía privada. No solo los Estados están llamados a crear empleo. Hoy me dirijo a los dirigentes privados para que asuman su papel, que haya un flujo de inversión para salir de este empantanamiento”.
 
 Esas pinceladas dan a entender que el paquete consistirá en movilizar fondos de los vehículos inversores con los que cuenta Europa (por ejemplo, el Banco Europeo de Inversiones) para dar crédito al sector privado y multiplicar esos recursos. Juncker conoce las dudas que esta propuesta genera entre los socialdemócratas, que han apoyado al nuevo Ejecutivo comunitario (con excepciones como la de los socialistas españoles, que finalmente no han votado en contra, sino que se han abstenido). El presidente de los socialistas en la Eurocámara, Gianni Pittella, ya le ha advertido de que el plan "no puede ser una simple operación cosmética". Por eso Juncker ha querido resaltar el otro propósito que ha elaborado el nuevo equipo para los próximos cinco años: aplicar las reglas con más flexibilidad.
 
 Ese será el equilibrio más complejo de esta legislatura europea. Alemania, Holanda y otros Estados del norte insisten en la necesidad de mantener la senda de reducción del déficit, pero Francia e Italia claman por una relajación en las reglas que alumbre un crecimiento sólido que de momento no se atisba. “No se van a cambiar las reglas, pero se utilizarán con flexibilidad. La austeridad a ultranza no lleva al crecimiento y al empleo. Tampoco el endeudamiento excesivo. Necesitamos las dos cosas”, ha dicho para tratar de aunar dos estrategias que en muchos casos resultarán antagónicas.
 
 El nuevo mandatario de la Comisión ha querido también recordar una de las principales pugnas que tuvo con los Estados miembros en la designación de los candidatos a comisarios: la escasa presencia de mujeres. El Ejecutivo comunitario contará con nueve comisarias (ocho más la alta representante para la Política Exterior, Federica Mogherini), las mismas que en la última Comisión Barroso. “He tenido que luchar para que los Gobiernos propusieran mujeres. Y he tenido que rechazar a muchos candidatos hombres. El número de nueve sobre 28 es ridículamente bajo”, ha admitido, lo que ha cosechado un gran aplauso. Para quitarle hierro a la situación, Juncker, que ha bromeado varias veces durante su discurso, ha añadido: “A corto plazo, no puedo cambiar de sexo”.
 
 Más allá de las críticas políticas que han expresado a Juncker los miembros de la izquierda unitaria y los verdes, el nuevo presidente se ha enfrentado ya a una de las cuestiones más espinosas que enfrentará en su mandato: el encaje de Reino Unido en la Unión Europea. El euroescéptico y líder de la formación británica UKIP Nigel Farage ha recurrido a su conocido mensaje de la falta de legitimidad de un cuerpo, la Comisión Europea, que desconocen la mayoría de los ciudadanos. Y en el cierre de su discurso ha explotado esa amenaza de salida británica de la UE. "Esta será la última Comisión Europea que gobierne Reino Unido. Dentro de cinco años nos habremos ido de aquí", ha clamado, con el consiguiente abucheo -y algunos aplausos- de muchos eurodiputados.
 
 
 

 



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