La UE desafía a Rusia y abre una batalla legal contra Gazprom Tras el conflicto con Rusia por Ucrania se esconde una batalla energética de gran calado. La Comisión Europea ha acusado hoy al gigante ruso del gas Gazprom de abuso de posición dominante –esto es, de usar su enorme poderío para limitar la competencia—, en un movimiento que puede desatar la ira del presidente ruso, Vladímir Putin. Tras abrir una investigación en 2012 que quedó inconclusa con la anterior Comisión por la necesidad de encontrar el momento adecuado para lanzar ese desafío, la danesa Margrethe Vestager, comisaria de la Competencia, ha abierto un pliego de cargos –el inicio de proceso legal que puede terminar en una sanción multimillonaria— por las tretas de Gazprom para dificultar la libre competencia e imponer precios altos en el mercado del gas natural a Europa central y del Este.
"La Comisión envía el pliego de cargos alegando que las prácticas empresariales en Europa Central y del Este constituyen un abuso de posición dominante por parte de Gazprom", ha dicho Vestager. "Gazprom está rompiendo las reglas antitrust, creando barreras artificiales para evitar que el gas circule, separando los mercados nacionales para imponer precios que consideramos injustos", ha subrayado. Gazprom, según Bruselas, abusa de su poderío en Bulgaria, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia y Eslovaquia.
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La empresa rusa ha calificado en un comunicado de "infundada" la acusación de la Comisión Europea, argumentando que se adhiere "estrictamente" a las reglamentaciones en vigor, según recoge la agencia France Presse.
Gazprom no es cualquier cosa: suministra el 30% del gas a la UE, con picos muy superiores en los países más dependientes de la energía rusa. Tiene estrechos lazos con el Kremlin. Y en las últimas semanas ha iniciado un contraataque. En el plano legal, ha intentado buscar un acercamiento con la Comisión tras prácticamente romper relaciones después de la invasión rusa en Crimea. Pero en el plano geopolítico se ha reunido con el primer ministro griego Alexis Tsipras: Rusia podría adelantar hasta 5.000 millones de euros a Grecia para aliviar su grave crisis de liquidez a cambio de facilitar un proyecto de gasoducto por el Mar Negro. Y puede tener otros aliados: Hungría y Chipre, pero también, en un segundo nivel, Italia y España.
Gazprom no es solo un caso de competencia, como no lo era hace unas semanas el pliego de cargos abierto contra la multinacional tecnológica estadounidense Google: es parte del conflicto geopolítico entre Europa y Rusia. Grecia ya amagó hace unos meses con vetar las sanciones a Rusia por el conflicto en Ucrania. Con el desafío legal contra Gazprom, la UE levanta el freno de mano que impuso la Comisión Barroso para evitar un recrudecimiento de la guerra en Ucrania y da un golpe sensacional en el plano de la diplomacia económica: Europa busca reducir drásticamente su dependencia del gas ruso, y con Vestager da muestras de estar cómoda con una agresividad pocas veces vista en el pasado. Vestager dispara, aparentemente sin prestar mucha atención a las consecuencias: pero la diplomacia continental espera una respuesta airada de Putin.
En la superficie, las balas de Vestager traen el habitual ruido metálico de los leguleyos de competencia: segmentación de mercados para dificultar el libre flujo del gas entre los países europeos; impedimentos técnicos para la diversificación de las fuentes de suministro, y contratos leoninos que imponen precios injustos a los clientes (de nuevo, los socios europeos) al vincular el precio del gas al del petróleo. Tras ese manto de tecnicismos y la previsible cautela declarativa de Vestager, sin embargo, apenas se esconde un conflicto de grandes dimensiones, y que marcará los próximos años, por la trascendencia de los desafíos energéticos en el continente.
