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Autor Tópico: La última memoria de Guerra  (Lida 245 vezes)

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Offline RoterTeufel

La última memoria de Guerra
« em: 27/05/2013, 17:51 »
 
POLÍTICA Memorias 'definitivas'
La última memoria de Guerra


Entre la alegría de sus editores, el zumbido de los periodistas y el reojo de los políticos, Alfonso Guerra ha presentado sus terceras memorias, el volumen definitivo, lo que ha pasado en su mundo desde que dimitió como vicepresidente del Gobierno, en 1991, hasta hoy.

Una página difícil de arrancar (Planeta) hace honor a su título, memoria con relleno en cada párrafo, un montón de noticias, trabajo para el periodismo y algún dolor de cabeza para políticos y jueces.

Por el libro pasan todos los que fueron y muchos de los que son. Unos para bien, como el Rey, Adolfo Suárez, Guillermo Galeote, Rafael Vera, Txiqui Benegas o Cándido Méndez. Otros para peor, como Felipe González, José María Aznar, Javier Solana, Joaquín Almunia, Carlos Solchaga, Narcís Serra, Manuel Chaves o Baltasar Garzón.

Y salpicado entre ellos, un puñado de aventuras y desventuras vividas y sobrevividas por Guerra, como la de la noche que negoció con Fidel Castro camino del baño, la tarde que se rompió el talón o el día que hizo de Trinidad Jiménez una negociadora secreta.

Éstas son algunos imperdibles del libro:

– El engaño de Felipe. Guerra reconoce la «transformación» y «avance» de España con González, pero cuenta cómo y por qué todo se rompió entre los dos. El 8 de enero de 1991, González y Guerra elaboran la composición del Gobierno. Pero dos meses después, mientras Guerra está en la Internacional Socialista en Sydney, González diseña otra. «Mantuvimos una conversación poco grata, incómoda. Se encerró en una actitud cínica (...) Había defraudado mi confianza (...) Evidenciaba un engaño, una trampa urdida sin motivo (...) Por primera vez me sentí engañado por Felipe González».

– El filtrador de los Consejos de Ministros. Al final de una cena con el fundador de Prisa, Jesús de Polanco le dice a Guerra: «Siempre hemos sabido que tú estabas contra nosotros en los Consejos de Ministros». El político socialista se extraña y pregunta a Polanco cómo lo sabían. «Su respuesta me produjo una enorme tristeza: ‘Eso es lo que nos contaba Javier Solana’».

– Un manojo de traidores. A mediados de los 90, «Manuel Chaves, Luis Yáñez, Miguel Ángel Pino y otros expusieron la conveniencia de que yo diese un paso atrás, ‘el último servicio al partido’ (...) Se deshacían en elogios para no ser considerados desleales o traidores. Pero yo había aprendido en los clásicos que existe un intervalo de la traición en el que ésta aún no es pública, pero con indicios que apuntan al traidor. Es entonces cuando el traidor se cree en la obligación de poner énfasis en la lealtad. Tal énfasis le delata».

– Trini, la actriz. Solicitado por EEUU y aceptado por Cuba, en 1997 Guerra medió para lograr un acercamiento entre ambos países. Uno de los pasos implicaba que un enviado de Estados Unidos viajara a la isla y para ello se llegó a una fórmula «bastante teatral que garantizaba discreción y seguridad». «Él debía viajar con su esposa española a Cancún y de ahí a Cuba como un matrimonio turista. Debería hablar ingles, ser relativamente joven, que mantuviese discreción absoluta y que aceptara el papel de actriz». «Se lo propusimos a ella y aceptó: Trinidad Jiménez». Y lo hizo dos veces.
 

 



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